Cómo llegó la inspiración

Por Liudmila Peña Herrera

Debía decir basta, volverme del presente y desarroparme de las vestimentas del pasado reciente. Seguir. Había que escribir nuevas letras de esperanza, pero no sabía cómo hacer los trazos sin armar garabatos que hubiese de borrar después. Por eso, mis páginas callaban en blanco. Entonces llegó, como en un arrebato. Revolvió mis cuartillas, sopló hasta enredarme los cabellos.

No dijo “permiso, ¿puedo pasar?”, “siento interrumpir”. Nadie le pidió que viniera. Y tantas veces le dije que se fuera, pero intruso y travieso, no hay maldad ni duda, ni desesperanza, que le haga moverse de aquí. Así llegó mi inspiración, mi ganas de ser y desaparecer, mi rostro de luz y de sombras. Así fue.