La belleza del espíritu

Por Liudmila Peña Herrera
El fin del 2012, no trajo, como muchos auguraban, la gran explosión que determinaría el fin de nuestra época. Así que los cubanos decidimos celebrar, como de costumbre, el cierre de un ciclo de vida y el inicio de otro. Claro, cada cual festejó a su manera, y como pudo: dándole vuelta a la púa, con inmensas o sencillas reuniones familiares, tirando la casa por la ventana o sentado frente al televisor después de una cena tranquila.

Esto y el hecho de que al volver de mis vacaciones, colegas y amigos me han deseado un sinnúmero de buenos augurios, ha hecho que me detenga a pensar en la encrucijada que supone para todos la dicotomía entre el mundo espiritual y el mundo material. Sigue leyendo

Tolerancia y fin de año

 

Tomada de images.artelista.com

Por Liudmila Peña Herrera

Se sentó frente al calendario y quiso esperar las primeras horas del nuevo año lejos del bullicio de los vecinos, sin la “mala grasa” del cerdo asado o las “alegrías mentirosas” después del vino. No quería abrazos ni besos, y mucho menos, las felicitaciones de sus familiares y amigos. Quería estar en soledad para escuchar los latidos de su corazón al compás del reloj.

Algunos intentaron disuadir, embullar… y hasta tirale de los brazos y arrastrarle hasta la fiesta. Bumbabatacabumba, sonaban las bocinas, mientras el cerdito asado giraba en la púa y las risas y los cuentos del año viejo se quemaban bajo los tizones del carbón y de entre las cenizas renacían nuevos sueños y cantatas.

Terminaba el fin del año. Y en vez de celebrarlo con algarabía, prefería recogerse en sí y pensarse con más pureza, regalar una mejor amistad, entregarse a sus padres, a sus hijos, sin cerrar las alas y dejar de volar, mientras los 365 días del próximo calendario le encontraran con vida. Así sería feliz.

El primer minuto le encontró entre sueños, abrazando su calendario con una sonrisa de luz que le alumbraba la calma.