Papá, ¡divino papá!

Foto: Daicar Saladrigas González

Foto: Daicar Saladrigas González

Por Liudmilla Peña Herrera

Todavía me sonrío cuando recuerdo aquella conversación inocente de un par de niños como de diez o doce años. Íbamos los tres por la acera. Ellos delante, soñando planes para el futuro y yo, periodista interesada hasta en los sueños infantiles, activé mi alarma informativa cuando escuché: “Yo me quiero casar a los 25 y voy a tener un solo hijo”, dijo uno y el otro le espetó de inmediato: “Pues yo me caso a los 18 y a los 20 voy a tener el primero y después el otro. Ojalá fueran mellizos”.

No niego que pienso en aquella plática y todavía me sorprendo y me sonrojo. Escuchar así, sin ser invitada, el proyecto de paternidad de dos pequeños que parecían venir de empinar papalote o jugar al fútbol, me pone a pensar en la inmensa responsabilidad que entraña una pequeña nueva vida a la que hay que alimentar, educar en el bien y amar por sobre todas las cosas. Sigue leyendo