EL SUEÑO DE LO POSIBLE

Foto: Heidi Calderón

Foto: Heidi Calderón

Liudmila Peña Herrera
Hubo quien no pudo contenerse cuando Lisbeth Saad Godoy (Danza Contemporánea de Cuba), la última de las premiadas, dio un paso al frente en el escenario y recibió el agasajo del público. Encima del tablado, los rostros eran una oda a la felicidad del artista afortunado o una elegía por el premio no logrado. En el público, disímiles fueron los gestos, los comentarios, las afirmaciones y hasta las dudas. Unos cuantos hubiesen querido ser parte del jurado. Pero no todos podemos bailar como los grandes, ni premiar como tales.
Así finalizó en la ciudad capital el primer Concurso de Danza del Atlántico Norte, aunque también podría llamársele Festival de Danza del Atlántico Norte, porque lo que comenzó como un sueño complejo y difícil de materializar, fue tomando forma durante los nueve días que duró el evento, no solo con la presentación de 74 bailarines y 35 coreografías, sino también con las clases magistrales, la visita de Malakhov a la Escuela Vocacional de Arte del territorio y los intercambios prácticos y teóricos entre los artistas de la danza que confluyeron en Holguín durante esta jornada. Sigue leyendo

“DANZO A TRAVÉS DEL DOLOR”

Foto: Lázaro Wilson

Foto: Lázaro Wilson

El bailarín ucraniano Vladimir Malakhov cumplió su promesa y volvió a Holguín para presidir el Concurso Internacional de Danza del Atlántico Norte.

Malakhov, uno de los bailarines más influyentes en la historia reciente de la danza clásica, aceptó conversar acerca de su carrera y proyectos inmediatos.

Liudmila Peña Herrera

Interpretación y traducción: Reynaldo Cruz

Sus ojos relampaguean cuando se vuelve y nos mira. No pronuncia palabras, pero uno de los grandes de la danza clásica mundial está llorando frente a todos. En la primera fila del teatro Ismaelillo, de Holguín, aplaude con efusividad a los jóvenes bailarines de Codanza, después de su interpretación de la coreografía Pasajera la lluvia, durante una de las audiciones previas al Grand Prix que lleva su nombre.

Faltan pocos segundos para que, sentado sobre el escenario, como quien interpreta su propia vida, Vladimir Malakhov (Ucrania, 1968) converse con nosotros. Todo en él es arte: su modo de sentarse, de cruzar los brazos sobre las piernas o de hacer gestos que acompañan su inglés pulcro y pausado. Quizá sea ese modo de hablar o de escrutar sin entender lo suficiente el español. Es difícil descifrarlo; pero Malakhov parece un niño grande, un chico de 46 años que contesta con amabilidad cada pregunta. Sigue leyendo