PRIMERO “PA-PÁ”

 

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Por Liudmila Peña Herrera

No dijo “mamá” primero como yo quería. En el fondo, tenía una secreta esperanza de que soltara de una vez y para siempre. Pero no lo dijo.

Por poco tampoco dice “papá” –aunque finalmente lo hizo– y el padre brincó de la chochera victoriosa, mientras yo me hacía la infeliz aunque rebosara de alegría por dentro. Después empezó a decirle “Abdiel” (a su manera y en su lenguaje, claro). Y no hubo quien lo sacara del apelativo hasta que un día –no hace mucho– se le acabaron las ganas y otra vez volvió al papá que grita como palabra de “buenos días” o de “¡socorrro, que alguien me ayude a salir de este corral!”

Aquello fue una guerra sin armas. O con las más peligrosas que existen a veces: las palabras. Él le deletreaba “pa-pá” en los ratos que podía, mientras yo me pasaba el laaaaaaaargo día repitiéndole “ma-má”. Fue tanta la insistencia con el pobre pequeñuelo nuestro, que una amiga entrañable amenazó con enseñarle a decir “Tere” para que lo dijera primero. Sigue leyendo