Gato viajero

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Foto: Liudmila Peña

Por Liudmila Peña Herrera

La gritería de los niños le sacó del éxtasis. Mientras los curiosos comenzaban a arremolinarse alrededor de la guagua, pidiendo desesperadamente: “que alguien lo baje, que se va a matar”, “súbete niño, súbete”, “¡pare chofer, que se tira!”; el gatito hizo un mohín de hastío, miró a los revoltosos, les guiñó uno de sus ojillos verdes y… continuó viaje.

¡Quién dice que hay que cobrarle a un gato cuando decide escapar y conocer el mundo!