Pato con ínfulas de perro

Mi hermano y Chami, los dos en su niñez

Mi hermano y Chami, los dos en su niñez

Por Liudmila Peña Herrera

Era pequeñito cuando lo trajeron a casa. Un patito común que se robó la atención de casi toda la familia –y digo casi porque no me hacen mucha gracia los animales con plumas-. Mi hermano lo adoraba y no sé por qué extraña coincidencia, de un día a otro empezó a llamarse Chamizo, como un personaje peculiar de una telenovela cubana.

Chamizo para aquí y Chamizo para allá. De tanto llamarlo Chamizo –o Chami, cariñosamente- el pato adolescente empezó a entender por su nombre y cada vez que le llamábamos venía a respondernos con el CUAC CUAC más cómico que se haya visto.

Al Gaby (nuestro primo) le enamoró desde el principio, a tal punto, que nos robaba el pan del desayuno para alimentar al pato. Por su parte, mi hermano le hacía comer de su propia mano y hasta le besaba el pico.

Pensábamos que tenía más vidas que el gato, porque varias veces burló la muerte: por mordeduras de un perro, por atragantarse con pedazos de carne, por tristeza o desgano… y el pato, después de muchos cariños y unas cuantas vitaminas, siempre revivía. Sigue leyendo

Venezuela: vivir y vencer

Por Liudmila Peña Herrera
Venezuela está triste: lo dicen los medios, lo dicen pequeños mensajes en Twitter, lo dicen los rostros en los estrados, en las calles… Ha de estar triste Venezuela, porque cuando muere un amigo, un padre, un valiente, la tristeza es lo primero que sella nuestros labios, que obstruye la garganta y aprieta el corazón. Ha de estar triste Venezuela porque los creyentes buenos eran todos una misma oración, clamando a su Dios para que salvase a Chávez.
No sé si Dios escucha, si sabe de revoluciones, de riquezas y pobrezas. No sé si tiene un mapa político con fronteras delimitadas al alcance de sus manos inmortales. Pero sé que Chávez no ha vivido por gusto. Un hombre que invita a un pueblo a salir de la miseria, a repartir la riqueza justamente, un hombre que desafía los peligros para el bienestar de los demás, no puede más que salvarse de la muerte, aunque la bandera baje tristemente en espíritu de duelo. Pero la Venezuela honrada no deberá dejar caer nunca la bandera de la libertad que empuñó Chávez. Sigue leyendo