CUBA O EL COCODRILO VERDE

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Por Liudmila Peña Herrera

Hace poco, en medio de una fiesta de chicos, un psiquiatra infantil amigo nuestro nos explicaba que todavía faltan varios años para que Alex, nuestro hijo de dos años, comience a desarrollar lo que ellos llaman “preconceptos”, ideas medio verdaderas medio engañosas de la realidad que les circunda. También nos dijo que hay una zona abstracta a la que los adultos, por muy apegados a la niñez que seamos, nunca podremos invadir.

Pero esa misma noche, frente a la televisión donde daban el parte del tiempo, Alex gritó: “Mira, un cocodrilo”. Y señaló el mapa físico que presentaba la meteoróloga. Yo sonreí y pensé en sacarlo del error (para nuestra mente adulta) diciendo: “No, pipo, esa es Cuba”. Pero recordé que Cuba, para él, es la bandera tricolor que ondea en su círculo infantil o en cada asta que él persigue por todo Holguín, cada vez que lo sacamos a pasear. Sigue leyendo

MUNDOS EN MINIATURA

Liudmila Peña Herrera

Son como mundos en miniatura. Algunos con más o menos ribetes coloreados, pero mundos al fin. Muchos suelen tener nombres asombrosos como “Tacita de Oro”, “Casita Azucarada”, “Pequeño Volodia”… Cada uno, con un significado real y otro creado por la fantasía de sus pequeños habitantes.

Casi nadie debe acordarse del primer día en que pisó un universo mágico como esos, porque éramos tan chirriquiticos cuando fuimos presentados en la sociedad infantil que los recuerdos deben habérsenos quedado enredados entre los cabellos de las muñecas o las ruedas de los carros. Sigue leyendo

Mi vecino Mikelino

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Liudmila Peña Herrera

¡Oigaaaan, no suban que se los comen!”. El grito de alerta nos dejó paralizados y atónitos. No puedo decir cuántas cosas pasaron por mi mente en ese instante, porque no imaginaba cuál sería el peligro tan grande e inminente que nos asechaba como para que el vecino del edificio de enfrente nos detuviera con tanta urgencia.

Pero no hubo demasiado tiempo para dudas. “Meki” cruzó la calle a la carrera y unos cuantos vecinos se pararon en los balcones para hacernos señas hacia las ventanas del cuarto. “¡Vamos, vamos, que hay que sacarlas antes de que traigan al niño! Tienen un enjambre metido en la casa”. Sigue leyendo

En Jagüeyes David no desafía a Goliat

Fotos: Edgar

Por  Liudmila Peña Herrera

Padre e hijo se ocupan de la finca con la dedicación de quienes traen la ganadería en la sangre. “¡Cuidao con el toro!”, grita Osvaldo a su progenitor, pero el otro actúa con la naturalidad de costumbre. Por fin, entre los dos logran meterlo del otro lado del corral y entonces, nos invitan a pasar a la parte que ha quedado vacía.

Así comienza la inusual entrevista, que tiene lugar en la finca Jagüeyes, muy cerca del mismo corazón del poblado de Cueto.

Entre el mugir de los 20 toros que conforman la ceba semintensiva, David García Blanco, ganadero de toda la vida, comienza a explicar el procedimiento: “Trancamos a los animales con 200 kilogramos para llevarlos hasta 450. Por la mañana los pastoreamos, por la tarde limpiamos la corraleta, y los alimentamos dos y tres veces al día”, asegura. Sigue leyendo