Retrato de mujer

Fotos: Tomada de Internet

Fotos: Tomada de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

Había nacido para amar. Aquella joven a la que una vez confundieron con una virgen caída del cielo, mientras escapaba de la tiranía por el tejado de una morada santiaguera, había nacido para amar la sencillez de la gente de su pueblo y el sacrificio de la lucha.

Pero a los 28 años esa misma muchacha no conocía los sobresaltos del amor. Fue a descubrirlos entre el fuego y la metralla, allá donde la vida y la muerte no hallan la frontera entre el presente y el futuro. No era un príncipe azul como el de las bromas de los amigos a los que servía de chaperona y quienes temían que quedara soltera. No había soñado con aquellos ojos achinados que se enternecían mientras la escuchaba. Sigue leyendo

El mejor de los tíos

Imagen

Este es uno de sus besos, para mí.

Por Liudmila Peña Herrera

Cuando yo nací mi tío aún no había planificado tener hijos: demasiado pronto para él y suerte para mí, porque así tuve la primacía de su cariño. Casi no tengo recuerdos de su rostro o de cómo nos veíamos juntos, a no ser por las fotos de mis cumples, cuando los dos sonreíamos a su propia cámara. Supongo que tras la lente, apenas por un instante, estaría mi papá, porque la cámara era de ese tío apasionado por las imágenes, tanto como yo por las letras, aunque mucha de esa pasión por la fotografía también yo la heredé de él.

Hay una escena inolvidable en nuestra historia familiar que me marcó de por vida: sentados a la mesa, todos comían mientras yo jugaba con una amiguita. Algo quería yo que ella hiciera y como no quiso, le dije:”Ah, dale, no seas ‘pendeja'”. Supongo que había escuchado el término en alguna parte, pero hoy, cuando lo repienso, lo siento extraño también: palabra fea en boca de una muchachita.

Él, muy serio, me hizo llegar junto a él y su mirada casi me mata: “¡Que no te vuelva oír yo esa palabra horrible, que no te oiga!”. Y créanlo, con aquella amenaza de mi tío, jamás he vuelto a poner semejante palabra en mi vocabulario.

Gracias a él creí en la magia de los dibujos que viajan en carta por toda la isla, hasta llegar a la capital, para desdoblarse en besos; gracias a él repensé muchas cosas antes de decirlas y he aprendido cómo se construye una familia desde el amor y el cuidado de no estropear la semilla.

Ahora ya tiene más sobrinos y todos le adoran como yo, y nadie se pone celoso, creo. Porque mi tío siempre ha sido tan parecido a mi abuelo como para saber escucharnos, aunque detrás venga la sacudida del regaño. Claro, ahora ya tiene a su propio príncipe y a su princesita. Ah, y a la jefa del grupete, claro. Pero aunque ya es papá, sigue siendo el mejor tío de entre todos los tíos: lo cual no se logra tan fácil: así porque lo diga la genética. Yo creo que tiene que ver más con ese concepto de la empatía y el cariño. Hoy es su cumple y como la tecnología nos juega malas pasadas, le dejo mi pequeño regalito, colgado en este sitio.

Papá, ¡divino papá!

Foto: Daicar Saladrigas González

Foto: Daicar Saladrigas González

Por Liudmilla Peña Herrera

Todavía me sonrío cuando recuerdo aquella conversación inocente de un par de niños como de diez o doce años. Íbamos los tres por la acera. Ellos delante, soñando planes para el futuro y yo, periodista interesada hasta en los sueños infantiles, activé mi alarma informativa cuando escuché: “Yo me quiero casar a los 25 y voy a tener un solo hijo”, dijo uno y el otro le espetó de inmediato: “Pues yo me caso a los 18 y a los 20 voy a tener el primero y después el otro. Ojalá fueran mellizos”.

No niego que pienso en aquella plática y todavía me sorprendo y me sonrojo. Escuchar así, sin ser invitada, el proyecto de paternidad de dos pequeños que parecían venir de empinar papalote o jugar al fútbol, me pone a pensar en la inmensa responsabilidad que entraña una pequeña nueva vida a la que hay que alimentar, educar en el bien y amar por sobre todas las cosas. Sigue leyendo

La soledad de la incomunicación

Por Liudmila Peña Herrera
El muchacho volvía siempre a casa con la cabeza baja, como si el peso de un montón de problemas no lo dejase levantarla. Todas las tardes eran iguales: llegaba a destiempo, despeinado, el uniforme sucio… Y la madre no preguntaba. Estallaba en amenazas y palabras horribles gritadas al viento como para que todo el barrio supiese que allí mandaba ella, aunque en su interior guardara el terror de no entender qué pasaba con su hijo después que salía de la escuela.
No se sentaron nunca a hablar. Ella seguía gritando y se iba a la cocina y después al fregadero y luego veía la novela… y todas las noches se dormía molesta. Él se encerraba en su soledad, se culpaba a sí mismo por la ausencia del padre y una idea loca le iba ocupando la cabeza.
Así va llegando la muerte de las palabras y la desesperanza de la comunicación entre padres e hijos. Unos, desesperados, temerosos, inexpertos, sufren los problemas en silencio; y los otros, ocupadísimos con el trabajo diario, con el sostén de la familia, para que ese mismo hijo tenga alimento, calzado y vestuario, se olvidan de preguntar: “¿cómo te ha ido, mijito?”, “¿por qué esa cara tan triste?”, “¿cómo puedo ayudarte?”. Sigue leyendo

¿Tiempos de tolerancia?

Por Liudmila Peña Herrera
Una amiga me contó hace poco lo mal que se sintió durante sus años de preuniversitario y universidad y yo no entendí nada. Con todos los éxitos que obtuvo, no podía comprender que la hubiese pasado mal y que, para colmo, nunca hubiese dicho ni una palabra.
“Es que yo era un bicho rarísimo”, me dijo. ¿Bicho raro?, pregunté. Y ella se puso a explicar que mientras todas sus compañeras habían tenido relaciones sexuales, faltaban a clases porque la diversión de la noche anterior se había extendido hasta la madrugada, de vez en cuando se jugaban una mala broma con los profesores y decían mentiras a diestra y siniestra, a ella le decían “la santita”, “mojigata”, se burlaban y la ignoraban porque no se parecía al resto del grupo. Sigue leyendo

LA DIFERENCIA NOS UNE

Fotos: Tomadas de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

Un cromosoma de más, quizá la ausencia de luz en la mirada o el silencio rotundo de la voz o los claroscuros de la piel o las fronteras entre una y otra creencia religiosa o un gesto más suave o más rudo… talvez la frase equivocada… Cualquier detalle puede situarnos en el banquillo de los acusados: “Usted es diferente”.

¿Y por diferente usted debe quedarse solo, sin saber qué hacer, qué rumbo tomar, si fingir la transformación de la igualdad, de lo común o timonear frente al mar embravecido hasta que se calmen las olas o zozobre en el intento?

Lo diferente muchas veces asusta, molesta, enceguece… Y quienes parecen más comunes, los tradicionalmente bien aceptados por la sociedad, de igual forma guardan en sí su diferencia. Los textos también son diferentes: depende del tema y de la gente. Por eso, no tengo reparos, ni temor, ni incomodidad para referirme a la homofobia y la transfobia: otras formas de mostrar la diferencia, esa que nos marca como intolerantes e irrespetuosos hacia la personalidad ajena.

Durante toda una jornada se desarrollan en Cuba acciones educativas con el fin de sensibilizar a la población en la lucha contra la discriminación, la exclusión, la violencia y el rechazo a personas lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT), inspirados en el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia, que se celebra el 17 de mayo con motivo de la eliminación de la homosexualidad como enfermedad en las listas de la Organización Mundial de la Salud, hace 22 años.

No han caído de un planeta extraño, ni poseen antenas transmisoras o sustancias químicas letales. Son seres humanos como cualquier otro, con diferencias, como cualquier otro. Por tanto, también tienen los mismos derechos y deberes que cualquier ciudadano cubano para disfrutar, como lo dispone nuestra Constitución, de la libertad y la dignidad plena del hombre (y la mujer) y el desarrollo integral de su personalidad.

¿Entonces, por qué muchas veces promovemos, hasta desde el propio hogar, el rechazo, la burla y la exclusión de personas que tienen tanto derecho como los heterosexuales a la libre y responsable orientación sexual e identidad de género, como ejercicio y expresión de la equidad y la justicia social? Sigue leyendo

MADRE EN FLOR

Por Liudmila Peña Herrera

Fotos: Tomadas de Internet

Ningún día mejor que aquel segundo domingo de mayo para estrenarse como madre. Fue el primero en nacer, y su llanto, el más esperado del mundo. No había nada mejor que tenerlo entre los brazos a medio dormir o acariciarle los pies descalzos para provocarle una sonrisa.

Pero a los tres meses pasó la primera prueba: “Hay que operar a corazón abierto”, dijeron los doctores. Y allí estuvo ella, madre-roble, temiendo lo innombrable por una criatura indefensa, órgano vital de su ser. Sigue leyendo