¿Simbolismo pernicioso?

Foto: Leandro Pérez Pérez

Por Liudmila Peña Herrera

Aquello había sido una sorpresa: después de mirar tanto a través de las vidrieras de Artex los pulóvers con la imagen del Che, por fin tenía entre mis manos aquella prenda blanquísima con el hombre que más he admirado en la vida. No era mi talla: casi otra como yo cabía en él, pero no importaba, porque la magia de mi costurera se encargaría de los ajustes.

Ah, pero llegó él, pidiendo con esos ojillos a los que no sé decir que no y le regalé el pulóver. “Quisiera llevármelo cuando me vaya para que todo el mundo sepa a la legua que soy cubano”, me dijo. Y ya no me dolió tanto desprenderme del primer pulóver del Che que tenía, porque ese símbolo de lucha y justicia se iría a otras tierras representando el orgullo de ser de Cuba. Sigue leyendo