Boxeo femenino en Londres: Sin golpes al aire

 

Ren Cancan, de China, durante la pelea con Marlen Esparza, de Estados Unidos

 Por Liudmila Peña Herrera

Le observo. El boxeador se bate por la medalla a golpe limpio. Esquiva puños y cierra fuerte los suyos para “dar donde hay que dar”. Lo miro pelear e imagino que si pudiera, atacaría incluso con uñas y dientes para traer a Cuba la medalla dorada. Pero no puede, y se limita a cumplir las reglas.

Le miro y me pregunto si no habrá alguna cubana capaz de batirse como él o como el mejor de nuestros púgiles en esta cita olímpica. No hay boxeadoras cubanas compitiendo en Londres. Según tengo noticias, no se practica en la Isla el boxeo femenino.

“No es disciplina para mujeres”, me dice un periodista deportivo y argumenta ideas sobre la debilidad de las féminas, los golpes en la cabeza y en los senos… la delicadeza y esos otros “perdones” con los que se han defendido quienes subvaloran las capacidades de la mujer, creyendo o simulando protegerla. Sigue leyendo

Olímpica por amor

Por Liudmila Peña Herrera

Le agarro por la solapa, le agito, le beso, murmuro poemas y reclamos al oído, hago piruetas y nada. No escucha, no ve, no siente… y no está dormido.

La hipnosis ha sido total. No más encender el televisor y el Canal Olímpico (TeleRebelde en Cuba) le embriaga, le lleva al éxtasis. Jamás varias mujeres y hombres juntos le han dado tanto placer (al menos, eso creo). ¡Amor grupal! ¿Qué hago? ¿Cómo recupero su sonrisa, su mal humor, sus pensamientos?

Quise ser narradora o periodista deportiva, al estilo de Julita Osendi, pero no le halló la gracia. Juré no tocar cacerolas en horarios de hambre y no se dio por enterado. Quise cerrar por dentro la puerta de la habitación en mis noches solitarias, pero no tengo cerradura. Le prometí el divorcio pero aún no nos casamos.

En fin, que tuve que acostumbrarme a chillar cada vez que un judoca hacía de las suyas en el tatami, a apretar los músculos y maldecir tras decisiones injustas de los jueces, a resignarme tras las derrotas indiscutibles. ¡Y hasta dejé tareas de primer orden por una pelea o un partido!

Vaya, que declaro mi derrota ante los Juegos Olímpicos. No puedo con Londres 2012. Mejor no declararle la guerra a un rival invencible, cuando el amor puede perderse ante la pantalla de un televisor. 

Ver carta-respuesta de esposo Olímpico