El maravilloso viaje de las sandalias negras

 

De lo que sucedió sin previo aviso, con una sandalia holguinera en el malecón de Cienfuegos

Desandando la ciudad, antes del suceso

Por Liudmila Peña Herrera

Conocían la geografía. Habían andado y desandado el camino dos veces en un mismo día y, cansadas de tanta energía empleada, decidieron sacar banderita blanca y rendirse. ¡Qué digo rendirse! Se aliaron entre sí y se amotinaron: una, a la vanguardia, se lanzaría ¿de cabeza?, contra las olas. La otra trataría de calmar los ánimos hasta que fuera lanzada “con desdén al mar un día”. Así, ¡cataplún!, perdí uno de mis zapatos frente al tranquilo malecón de Cienfuegos, donde un grupo de blogueros de la Isla compartíamos causas, azares, promesas y ron cubano.

Abdiel y Camarero en busca de la sandalia antes que nazca el día

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Triunfo de la Revolución: Presagio de amaneceres

Por Abdiel Bermúdez Bdez

Eva estaba en Malecón cuando la caravana avanzaba para dirigirse al cuartel de Columbia. “El pueblo estaba loco de felicidad. Todo el mundo gritaba Vivas a los rebeldes, los saludaban, corrían a su lado. Fíjate, es lo más cerca que yo he estado de un héroe de carne y hueso, porque aquellos eran héroes, ¿oíste?”, aclara como para despejar las dudas si alguien constriñera la heroicidad a los libros de historia.

Fue un presagio, periodista, un presagio de amaneceres”. Sara tenía apenas 5 años, pero recuerda como si fuese hoy el momento en que el padre la tomó en brazos y salió corriendo para la calle, como chiflado. “Yo nunca había visto a mi padre así, y como él había miles de personas rodeando los camiones a medida que avanzaba la caravana. Pero mi papá me montó en los hombros y pude verlos bien clarito, mientras me voceaba que mirara bien, que eso era lo más grande que se había visto en esta vida”. Y ella se aferraba fuerte a su cabeza, y le decía que sí, que era verdad, que era cierto. Sigue leyendo