Traicionada por un sueño

Sueños coartados/ Denis Nuñez Rodríguez

Por Liudmila Peña Herrera

Anoche me fui a La Habana. De un tirón, con el pasaje de una voltereta sutil, entre mis sábanas arrugadas de tanta flor y sueños. Corrí buscando 23, pero torcí camino y me perdí por calles no identificadas de edificios que buscaban el cielo repletos de colores.

Quise encontrar un céntrico semáforo, pero un Tarzán moderno corría también disparando piropos, felino veloz dispuesto a agarrar a la presa perdida.

Después, la esposa de quien no nombro me regalaba una sombrillita colorida y yo intentaba trepar por la escalera infinita de un Morro sin salida, con cuartos oscuros donde se exponían especies exóticas de animales fantásticos.

Anoche me perdí en medio de calles transitadas por niños sin rostros con capacidades inimaginadas. No me gustó La Habana (aunque en el viaje me haya ahorrado los 187 pesos del avión). No me gustó La Habana. Hasta en los sueños quizá un oriental sepa hacia dónde va, pero no puede esconder de dónde viene.

PD: Y aclaro que hablo dormida, porque La Habana enamora a cualquiera.