NACIMIENTOS DE UN JUGLAR

faustino oramasextra

Imagen tomada de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

Juglar de lo cotidiano, hombre sencillo que inventaba en el aire un pretexto para invocar a la risa, aunque rara vez se le escapase la suya ante el público. Negro dicharachero y artista. Holguinero más allá de su último soplo de vida.

También rebautizado como “el rey del doble sentido”, Faustino Oramas Osorio nació unas cuantas veces después del 4 de junio de 1911. Volvió a nacer la primera vez que sostuvo un instrumento musical, o el día en que se presentó ante una multitud, o cuando canjeó su nombre por el lugar donde los celos quisieron presentarle a la muerte, o en tantas otras ocasiones en que su sentido picaresco se hacía acompañar del tres y de sus muchas historias. Sigue leyendo

Réquiem

Pintura de Jack Vettriano - Francia Tomada de Internet

Silvio Rodríguez/

Disfruté tanto tanto cada parte
Y gocé tanto tanto cada todo
Que me duele algo menos cuando partes
Porque aquí te me quedas de algún modo.

Ojalá nunca sepas cuanto amaba
Descubrirte los trillos de la entrega
Y el secreto esplendor con que esperabas
Tu reclamo de amor que ya no llega.
Anda, corre donde debas ir
Anda, que te espera el porvenir.
Vuela,
Que los cisnes están vivos
Mi canto está conmigo
No tengo soledad. Sigue leyendo

Tolerancia y fin de año

 

Tomada de images.artelista.com

Por Liudmila Peña Herrera

Se sentó frente al calendario y quiso esperar las primeras horas del nuevo año lejos del bullicio de los vecinos, sin la “mala grasa” del cerdo asado o las “alegrías mentirosas” después del vino. No quería abrazos ni besos, y mucho menos, las felicitaciones de sus familiares y amigos. Quería estar en soledad para escuchar los latidos de su corazón al compás del reloj.

Algunos intentaron disuadir, embullar… y hasta tirale de los brazos y arrastrarle hasta la fiesta. Bumbabatacabumba, sonaban las bocinas, mientras el cerdito asado giraba en la púa y las risas y los cuentos del año viejo se quemaban bajo los tizones del carbón y de entre las cenizas renacían nuevos sueños y cantatas.

Terminaba el fin del año. Y en vez de celebrarlo con algarabía, prefería recogerse en sí y pensarse con más pureza, regalar una mejor amistad, entregarse a sus padres, a sus hijos, sin cerrar las alas y dejar de volar, mientras los 365 días del próximo calendario le encontraran con vida. Así sería feliz.

El primer minuto le encontró entre sueños, abrazando su calendario con una sonrisa de luz que le alumbraba la calma.