PRIMERO “PA-PÁ”

 

IMG_6436

Por Liudmila Peña Herrera

No dijo “mamá” primero como yo quería. En el fondo, tenía una secreta esperanza de que soltara de una vez y para siempre. Pero no lo dijo.

Por poco tampoco dice “papá” –aunque finalmente lo hizo– y el padre brincó de la chochera victoriosa, mientras yo me hacía la infeliz aunque rebosara de alegría por dentro. Después empezó a decirle “Abdiel” (a su manera y en su lenguaje, claro). Y no hubo quien lo sacara del apelativo hasta que un día –no hace mucho– se le acabaron las ganas y otra vez volvió al papá que grita como palabra de “buenos días” o de “¡socorrro, que alguien me ayude a salir de este corral!”

Aquello fue una guerra sin armas. O con las más peligrosas que existen a veces: las palabras. Él le deletreaba “pa-pá” en los ratos que podía, mientras yo me pasaba el laaaaaaaargo día repitiéndole “ma-má”. Fue tanta la insistencia con el pobre pequeñuelo nuestro, que una amiga entrañable amenazó con enseñarle a decir “Tere” para que lo dijera primero. Sigue leyendo

¿LA EDAD DE LA INOCENCIA?


infancia-cuba
Por Liudmila Peña Herrera
Publicado en Soy Cuba
No creen los pequeños que el mundo es tan inmenso como se lo pintan. Lo observan todo y repiten cuanto oyen. A veces debemos hablar en susurros para que no aprendan aún lo que no deben. Pero hay a quien nada se le escapa. Como a Karla, que cuando ve indicios de tormenta en el rostro de su abuela, le hala de las ropas y aconseja: “No cojas lucha, abuelita Maluca”.
“Mira, Karla, una estrella”, dice la amiguita y le muestra un dibujo. La otra se encoge de hombros y responde: “Mira, Mariam, un mondongo”. Sonríe la traviesa mientras enseña un óvalo inmenso, del tamaño de la hoja de papel, con grandes ojos y, la verdad, medio espantoso. “¿De dónde sacó esta niña esa palabra tan fea?”, preguntan sus mayores horrorizados.
Difícil saberlo, porque la mente de los infantes es tierra fértil para cuanto abono aparezca. Por eso, muchos repiten palabras en inglés con tanta facilidad como si fuese su lengua materna o aprenden números, colores, canciones… solo con que otra chiquilla animada los repita en su televisor. Sigue leyendo

Matojo y la educación familiar

Por Liudmila Pena Herrera

No le hagas caso a lo que dice esa vieja”, le dice el padre y le premia con dos palmadas en el hombro, con la plena convicción de que el hijo no es tan fiero como lo pinta la profesora. “Exageraciones de quien no tiene problemas de los que ocuparse”, piensa y da por resuelto el problemilla, sin valorar la posibilidad de llamarla por teléfono o llegarse hasta la escuela. Y pasa el tiempo y pasa sin que el padre sepa si de verdad la “profe” es tan vieja, si tiene razones para tantas quejas o su hijo es un verdadero “santito”.

Bah, yo no hago caso a lo que dice esa vieja”, repite este Matojo adolescente de carne y hueso, mientras se saca la camisa por fuera, se baja el pantalón, exhibe los calzoncillos y entre un desmán y otro se va achicando en medio del aula, entre el resto de sus compañeros que miran la pizarra. Sigue leyendo

La soledad de la incomunicación

Por Liudmila Peña Herrera
El muchacho volvía siempre a casa con la cabeza baja, como si el peso de un montón de problemas no lo dejase levantarla. Todas las tardes eran iguales: llegaba a destiempo, despeinado, el uniforme sucio… Y la madre no preguntaba. Estallaba en amenazas y palabras horribles gritadas al viento como para que todo el barrio supiese que allí mandaba ella, aunque en su interior guardara el terror de no entender qué pasaba con su hijo después que salía de la escuela.
No se sentaron nunca a hablar. Ella seguía gritando y se iba a la cocina y después al fregadero y luego veía la novela… y todas las noches se dormía molesta. Él se encerraba en su soledad, se culpaba a sí mismo por la ausencia del padre y una idea loca le iba ocupando la cabeza.
Así va llegando la muerte de las palabras y la desesperanza de la comunicación entre padres e hijos. Unos, desesperados, temerosos, inexpertos, sufren los problemas en silencio; y los otros, ocupadísimos con el trabajo diario, con el sostén de la familia, para que ese mismo hijo tenga alimento, calzado y vestuario, se olvidan de preguntar: “¿cómo te ha ido, mijito?”, “¿por qué esa cara tan triste?”, “¿cómo puedo ayudarte?”. Sigue leyendo

Adolescencia y comunicación: trampas generacionales

Por Liudmila Peña Herrera
Hace poco, en medio de una guagua repleta de jóvenes y adultos, presencié una escena triste y lamentable. Una señora gritaba amenazante a dos adolescentes vestidos de uniforme marrón, prometiéndoles dos buenos pescozones, mientras los chicos reían y a todas luces continuaban la burla que había iniciado la trifulca.
La gente escuchó en silencio sin atreverse a tomar partido por ninguno de los bandos. Y yo me puse a pensar por el origen de tanta violencia, indisciplina social e irrespeto por el orden público.
En aquel caso, los protagonistas pertenecían a generaciones distintas. Y cualquiera hubiese culpado a los muchachos, sin pensarlo más de una vez, por eso de que “la juventud está perdida” y “ya no hay respeto por los ancianos”. Sigue leyendo

LA DIFERENCIA NOS UNE

Fotos: Tomadas de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

Un cromosoma de más, quizá la ausencia de luz en la mirada o el silencio rotundo de la voz o los claroscuros de la piel o las fronteras entre una y otra creencia religiosa o un gesto más suave o más rudo… talvez la frase equivocada… Cualquier detalle puede situarnos en el banquillo de los acusados: “Usted es diferente”.

¿Y por diferente usted debe quedarse solo, sin saber qué hacer, qué rumbo tomar, si fingir la transformación de la igualdad, de lo común o timonear frente al mar embravecido hasta que se calmen las olas o zozobre en el intento?

Lo diferente muchas veces asusta, molesta, enceguece… Y quienes parecen más comunes, los tradicionalmente bien aceptados por la sociedad, de igual forma guardan en sí su diferencia. Los textos también son diferentes: depende del tema y de la gente. Por eso, no tengo reparos, ni temor, ni incomodidad para referirme a la homofobia y la transfobia: otras formas de mostrar la diferencia, esa que nos marca como intolerantes e irrespetuosos hacia la personalidad ajena.

Durante toda una jornada se desarrollan en Cuba acciones educativas con el fin de sensibilizar a la población en la lucha contra la discriminación, la exclusión, la violencia y el rechazo a personas lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT), inspirados en el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia, que se celebra el 17 de mayo con motivo de la eliminación de la homosexualidad como enfermedad en las listas de la Organización Mundial de la Salud, hace 22 años.

No han caído de un planeta extraño, ni poseen antenas transmisoras o sustancias químicas letales. Son seres humanos como cualquier otro, con diferencias, como cualquier otro. Por tanto, también tienen los mismos derechos y deberes que cualquier ciudadano cubano para disfrutar, como lo dispone nuestra Constitución, de la libertad y la dignidad plena del hombre (y la mujer) y el desarrollo integral de su personalidad.

¿Entonces, por qué muchas veces promovemos, hasta desde el propio hogar, el rechazo, la burla y la exclusión de personas que tienen tanto derecho como los heterosexuales a la libre y responsable orientación sexual e identidad de género, como ejercicio y expresión de la equidad y la justicia social? Sigue leyendo

Educa a tu hijo: programa cubano para el desarrollo infantil

Fotos: Tomadas de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

Una singular reunión, donde comparten niños y adultos los mismos libros y juguetes y todos parecen interesados por lo que “la maestra” comenta, llama la atención del caminante. Ha pasado varias veces por el lugar y siempre le causa la misma curiosidad el grupo tan heterogéneo.

Un día, sin pensarlo más, se para y pregunta. “Es el Programa Educa a tu hijo, que tiene su sede en esta casa”, le dicen y poco a poco se va enterando acerca de cómo funciona y quiénes son sus miembros.

También conocido por la población como Vías No Formales (VNF), el Programa Educa a tu Hijo es una actividad de atención social comunitaria dirigido a los niños de edad preescolar que no asisten a los círculos infantiles y a sus familiares, el cual se fundamenta en su carácter intersectorial y comunitario.

Este programa surgió a partir de una investigación desarrollada entre los años 1983 y 1993, por el Instituto Central de Ciencias Pedagógicas, el cual se inició en las zonas rurales, con el propósito de preparar a los niños para su ingreso a la escuela. Sigue leyendo