Manuel Ascunce: maestro de dignidad

El joven Manuel Ascunce y su alumno, el campesino Pedro Lantigua

Por Liudmila Peña Herrera

Era alguien desconocido para mí, apenas un nombre pintado a la entrada de la escuela, con una insignia de lápiz y cartilla descoloridos como compañía. Yo tenía seis o siete años y ninguna idea de lo que era el “sacrificio” y la “inmortalidad”. Pero aquella tarde de fecha ya escondida en los vericuetos de mi memoria, la bibliotecaria contó la historia.

Nos habló de “alfabetización”, de la “obra revolucionaria” y sobre los “bandidos que querían destruirla”. Fue una tarde diferente, y aunque no entendimos todo, porque hay cosas que para aprenderlas es necesario vivirlas, nos fuimos de la escuela con una clase de historia que nunca olvidaríamos. Porque nos tocaba de cerca y era parte de nuestra propia cotidianidad. Sigue leyendo