Olímpica por amor

Por Liudmila Peña Herrera

Le agarro por la solapa, le agito, le beso, murmuro poemas y reclamos al oído, hago piruetas y nada. No escucha, no ve, no siente… y no está dormido.

La hipnosis ha sido total. No más encender el televisor y el Canal Olímpico (TeleRebelde en Cuba) le embriaga, le lleva al éxtasis. Jamás varias mujeres y hombres juntos le han dado tanto placer (al menos, eso creo). ¡Amor grupal! ¿Qué hago? ¿Cómo recupero su sonrisa, su mal humor, sus pensamientos?

Quise ser narradora o periodista deportiva, al estilo de Julita Osendi, pero no le halló la gracia. Juré no tocar cacerolas en horarios de hambre y no se dio por enterado. Quise cerrar por dentro la puerta de la habitación en mis noches solitarias, pero no tengo cerradura. Le prometí el divorcio pero aún no nos casamos.

En fin, que tuve que acostumbrarme a chillar cada vez que un judoca hacía de las suyas en el tatami, a apretar los músculos y maldecir tras decisiones injustas de los jueces, a resignarme tras las derrotas indiscutibles. ¡Y hasta dejé tareas de primer orden por una pelea o un partido!

Vaya, que declaro mi derrota ante los Juegos Olímpicos. No puedo con Londres 2012. Mejor no declararle la guerra a un rival invencible, cuando el amor puede perderse ante la pantalla de un televisor. 

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Dibujo viejo para un nuevo cumpleaños

Por Liudmila Peña Herrera
He de llegar temprano, de puntillas, para poner debajo de su almohada el último dibujo de mi infancia. Llegaré con el beso de niña envuelto en sobres, para que él, desde lejos, sepa cuánto avanzo en la pintura de mi cariño.
Estará a cientos de kilómetros, quizá a punto de dormir, talvez con la cámara en ristre o en el instante del ippon, vencedor en su tatami. No sabrá que me estiro como Alicia, que tengo conejos mágicos y misteriosas historias creciendo entre las manos.
Lloverá mucho. Y el mundo será más grande y más amplias las fronteras. Y aún seré una niña que se sonroje bajo el regaño pesado por una palabra mal puesta, pero el dibujo estará ahí, debajo de su almohada, para que cuando despierte, aun rodeado de nuevos niños, le abracen mis manitas de sobrina, en su día de cumpleaños.