La lluvia y las letras

Por Liudmila Peña Herrera

Me gustan los días nublados porque me parece como si la Isla se tornara mundo y el calor caribeño que distingue a Cuba se esfumara como en un golpe de magia.

Adoro los días de lluvia porque siempre me recuerdan los años de mi infancia, cuando los goterones caían afuera y yo miraba por la ventana abierta de mis sueños cómo cielo y tierra se perdían más allá de la puerta.

Estos días me inspiran a tomarme una taza caliente de té con leche, mientras escucho la voz apasionada de Raúl Paz con su “sólo tú y yo sabemos lo que nos pasó”. Entonces, mi vecino llega al éxtasis con el reguetón que inunda todo el barrio y yo escribo, como nunca, a mano, mientras la computadora permanece apagada, porque otra vez soy una niña que disfruta el olor de la tierra mojada y la magia de las letras.