LLAMADA DE EMERGENCIA

Por Liudmila Peña Herrera
Riiiiiiing riiiiiiing riiiiiiing. Riiiiiiing riiiiiiing riiiiiiing… El aparato insistía, pero en la oficina nadie se movía de sus asientos, como si cada tarea que desempeñaban hubiesen sido asuntos inaplazables, como si en ello les fuese la vida o no percibieran el reclamo de atención que alguien hacía desde detrás de otro teléfono.
Riiiiiiing… “¡Ya! Lo cojo yo, pero vayan haciendo un listado mental para turnarse el teléfono” –amenazó el brindado. “¿Dígame?” Del otro lado habló el director, quien molestísimo, se había arrepentido de la noticia que lo movía a llamar y en cambio anunció que movería el aparato para otra oficina. Sigue leyendo

La soledad… o cómo nacen las perlas

Foto: Tomada de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

A veces, cuando los días son muy extraños, muy grises, muy tristes, me pregunto cómo será la vida de una ostra. Así, toda encerrada en la oscuridad de unas paredes solitarias, guardando un tesoro que casi nadie ve, o casi nadie aprecia. Supongo que la posibilidad de ver nacer la perla, de protegerle en el interior de esas compuertas clausuradas, es su mayor tesoro. O al menos, eso he imaginado desde niña.

Pero cuánto silencio habrá dentro de esa ostra que ni una perla guarda. Vacía de belleza, según las convenciones de algunos. Jamás he visto una perla verdadera. Ni estoy enterada siquiera de cuánto vale algo como ellas. Pero ¿y si cerrara las ventanas, las puertas, las rendijas? ¿si apagara el teléfono, el televisor, las luces? ¿si intentara no escuchar los ruidos de la calle, ni las llamadas de los vecinos, ni las dudas de mis propios pensamientos? Sigue leyendo

Una fiera y un amor

Foto: Tomada de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

Ella agarró el teléfono y se puso a hilvanar chismes, amenazas, furias, estallidos de cólera… Su voz, como un chirrido incesante, atormentaba mis oídos. Me daban ganas de colgar, de gritarle, de decirle lo estúpido que es ofenderle los sueños a la gente, que es perder el tiempo vivir el tiempo de los otros, preocuparse más por el aire que respira el de más allá, sin saber si uno mismo respira todavía. Tuve ganas de gritarle, de dejarle ver que su vida ha sido así, un involucrarse sin ser invitada; pero quedé en silencio, triste. Con pena de mí también. Evitándole a ella la verdad. Alejándola de la molestia y tomándola para mí. Sigue leyendo

Hoy puede ser un gran día

 

Para hoy, día marcado por profetas optimistas y catastrofistas, no tengo mucho tiempo para escribir. Dicen que termina una era y comienza otra novísima. Por eso, me voy rapidito a disfrutar del amor y la compañía de los buenos y a llamar por teléfono a los que más quiero. Para quienes están más lejos y el saldo no me da para escuchar sus voces, sepan que les quiero y estaré feliz de su felicidad.

Entonces les dejo algunas imágenes hermosas y un regalillo que me ha acompañado desde años: una canción de Serrat que adoro: Sigue leyendo