La soledad… o cómo nacen las perlas

Foto: Tomada de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

A veces, cuando los días son muy extraños, muy grises, muy tristes, me pregunto cómo será la vida de una ostra. Así, toda encerrada en la oscuridad de unas paredes solitarias, guardando un tesoro que casi nadie ve, o casi nadie aprecia. Supongo que la posibilidad de ver nacer la perla, de protegerle en el interior de esas compuertas clausuradas, es su mayor tesoro. O al menos, eso he imaginado desde niña.

Pero cuánto silencio habrá dentro de esa ostra que ni una perla guarda. Vacía de belleza, según las convenciones de algunos. Jamás he visto una perla verdadera. Ni estoy enterada siquiera de cuánto vale algo como ellas. Pero ¿y si cerrara las ventanas, las puertas, las rendijas? ¿si apagara el teléfono, el televisor, las luces? ¿si intentara no escuchar los ruidos de la calle, ni las llamadas de los vecinos, ni las dudas de mis propios pensamientos? Sigue leyendo

Olímpica por amor

Por Liudmila Peña Herrera

Le agarro por la solapa, le agito, le beso, murmuro poemas y reclamos al oído, hago piruetas y nada. No escucha, no ve, no siente… y no está dormido.

La hipnosis ha sido total. No más encender el televisor y el Canal Olímpico (TeleRebelde en Cuba) le embriaga, le lleva al éxtasis. Jamás varias mujeres y hombres juntos le han dado tanto placer (al menos, eso creo). ¡Amor grupal! ¿Qué hago? ¿Cómo recupero su sonrisa, su mal humor, sus pensamientos?

Quise ser narradora o periodista deportiva, al estilo de Julita Osendi, pero no le halló la gracia. Juré no tocar cacerolas en horarios de hambre y no se dio por enterado. Quise cerrar por dentro la puerta de la habitación en mis noches solitarias, pero no tengo cerradura. Le prometí el divorcio pero aún no nos casamos.

En fin, que tuve que acostumbrarme a chillar cada vez que un judoca hacía de las suyas en el tatami, a apretar los músculos y maldecir tras decisiones injustas de los jueces, a resignarme tras las derrotas indiscutibles. ¡Y hasta dejé tareas de primer orden por una pelea o un partido!

Vaya, que declaro mi derrota ante los Juegos Olímpicos. No puedo con Londres 2012. Mejor no declararle la guerra a un rival invencible, cuando el amor puede perderse ante la pantalla de un televisor. 

Ver carta-respuesta de esposo Olímpico