Mi vecino Mikelino

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Liudmila Peña Herrera

¡Oigaaaan, no suban que se los comen!”. El grito de alerta nos dejó paralizados y atónitos. No puedo decir cuántas cosas pasaron por mi mente en ese instante, porque no imaginaba cuál sería el peligro tan grande e inminente que nos asechaba como para que el vecino del edificio de enfrente nos detuviera con tanta urgencia.

Pero no hubo demasiado tiempo para dudas. “Meki” cruzó la calle a la carrera y unos cuantos vecinos se pararon en los balcones para hacernos señas hacia las ventanas del cuarto. “¡Vamos, vamos, que hay que sacarlas antes de que traigan al niño! Tienen un enjambre metido en la casa”. Sigue leyendo

La lluvia y las letras

Por Liudmila Peña Herrera

Me gustan los días nublados porque me parece como si la Isla se tornara mundo y el calor caribeño que distingue a Cuba se esfumara como en un golpe de magia.

Adoro los días de lluvia porque siempre me recuerdan los años de mi infancia, cuando los goterones caían afuera y yo miraba por la ventana abierta de mis sueños cómo cielo y tierra se perdían más allá de la puerta.

Estos días me inspiran a tomarme una taza caliente de té con leche, mientras escucho la voz apasionada de Raúl Paz con su “sólo tú y yo sabemos lo que nos pasó”. Entonces, mi vecino llega al éxtasis con el reguetón que inunda todo el barrio y yo escribo, como nunca, a mano, mientras la computadora permanece apagada, porque otra vez soy una niña que disfruta el olor de la tierra mojada y la magia de las letras.