Silencio… ¡está llegando un post!

“¡Corazón… silencia!… ¡Cúbrete de llagas!…

-de llagas infectas- ¡cúbrete de mal!…
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte,
corazón maldito que inquietas mi afán!”

alfonsina storni

Por Liudmila Peña Herrera

No lo intentes. No te acerques. No quiero ver tu cara de payaso en burla, simulando querer, intentando una mueca de amor. Cierro los ojos. Imagino la pasión de otros días. La pausa, el impulso, el cuidado, la flor. Son días amargos, como el hígado, como el vino de los cultos que no sé beber, como el libro filosófico que lees aunque no entiendas la cuarta parte de sus letras.

Letargo. Yo letargo, tú letargas, letargamos… Somos tristes y románticos y aburridos. Quizá nos lean así, quizá nos odien. Bah, la triste historia de las audiencias. Tú, caballero de épocas pasadas y presentes, daos en el pecho… llenaos de gloria y vanidad. Yo callo. Presiento no es este mi tiempo. Brindo por vos y callo. Os dedico este post en silencio, porque el tiempo del encanto viene, como el viento que acalla las olas que están por llegar.

Tolerancia y fin de año

 

Tomada de images.artelista.com

Por Liudmila Peña Herrera

Se sentó frente al calendario y quiso esperar las primeras horas del nuevo año lejos del bullicio de los vecinos, sin la “mala grasa” del cerdo asado o las “alegrías mentirosas” después del vino. No quería abrazos ni besos, y mucho menos, las felicitaciones de sus familiares y amigos. Quería estar en soledad para escuchar los latidos de su corazón al compás del reloj.

Algunos intentaron disuadir, embullar… y hasta tirale de los brazos y arrastrarle hasta la fiesta. Bumbabatacabumba, sonaban las bocinas, mientras el cerdito asado giraba en la púa y las risas y los cuentos del año viejo se quemaban bajo los tizones del carbón y de entre las cenizas renacían nuevos sueños y cantatas.

Terminaba el fin del año. Y en vez de celebrarlo con algarabía, prefería recogerse en sí y pensarse con más pureza, regalar una mejor amistad, entregarse a sus padres, a sus hijos, sin cerrar las alas y dejar de volar, mientras los 365 días del próximo calendario le encontraran con vida. Así sería feliz.

El primer minuto le encontró entre sueños, abrazando su calendario con una sonrisa de luz que le alumbraba la calma.